En estos primeros compases de 2022, anticipamos que los sólidos fundamentales representarán un importante
viento a favor para los mercados emergentes (ME). Desde una perspectiva descendente («top-down»),
los temores regulatorios en China, las continuas preocupaciones por la pandemia de coronavirus, el riesgo
geopolítico y las presiones inflacionarias han hecho mella en el sentimiento de mercado. No obstante,
observamos interesantes oportunidades en esta clase de activos.
En China, estamos siendo testigos de un ciclo regulatorio que comenzó a finales de 2020. Esperamos que se mantenga hasta después de las próximas elecciones, ya que el gobierno se centra en la idea de la «prosperidad común». En nuestra opinión, no se persigue el desmantelamiento del sector privado, y muchos de los objetivos políticos figuran en la «lista de deseos» de las economías occidentales, por ejemplo, la privacidad de datos y la eliminación de las prácticas monopolísticas. Nos centramos en los ámbitos de la economía con respaldo político que se beneficiarán de los programas gubernamentales de prosperidad y productividad (como el plan estratégico «Made in China 2025»), desde el sector de los semiconductores hasta la biotecnología y los vehículos eléctricos, por citar solo unos cuantos ejemplos. A nuestro parecer, ya hemos dejado atrás la primera fase de regulación —cuando la prima del riesgo de renta variable procedente de la regulación interna ya parece descontada—, y estamos pasando a la siguiente fase de aplicación de las normas reglamentarias. También se observan señales de relajación política conforme nos acercamos a la cita electoral, si bien cabe esperar una política normalizada en lugar de grandes estímulos.
Por lo que respecta a las relaciones entre Estados Unidos y China, no esperamos cambios en la actitud de la administración de Biden, dado el apoyo bipartidista en Washington a su postura política hacia Pekín, así como el probable respaldo de los países aliados. Asimismo, seguimos de cerca la opcionalidad en torno a los aranceles de Estados Unidos y China, ya que la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, explora la relajación de los impuestos aduaneros de la era Trump en un esfuerzo por aliviar parte de la presión inflacionaria.
Aunque el optimismo suscitado por las vacunas ha avivado la confianza de los inversores de todo el mundo, seguimos vislumbrando desafíos de distribución a corto plazo. Continuamos vigilando la magnitud de las nuevas olas de coronavirus a escala global, al tiempo que analizamos el riesgo de nuevas variantes. Entretanto, las perspectivas de inflación siguen representando un asunto clave tanto en los mercados emergentes como en los mercados desarrollados, ya que los bancos centrales podrían comenzar a moderar sus políticas monetarias acomodaticias.
Se puede afirmar que las inquietudes en torno a la retirada paulatina de los estímulos por parte de la Reserva Federal estadounidense siguen incidiendo en el sentimiento hacia las economías emergentes. En 2013, se consideraba que los «cinco frágiles» presentaban un mayor riesgo debido en parte a sus abultados déficits por cuenta corriente. Esto sigue inquietando a los inversores en cierta medida. No obstante, ya no tiene cabida el concepto de los «cinco frágiles», puesto que solo Turquía parece mostrar vulnerabilidad. Incluso si excluimos a China, país con un considerable superávit por cuenta corriente, las economías emergentes exhiben un superávit por cuenta corriente en términos agregados. Esto no significa que el mercado no reaccionará ante las preocupaciones por la reducción progresiva de los estímulos por parte de la Fed y dejará las preguntas para luego. Eso sí, cuando plantee las preguntas, recibirá mejores respuestas que en el pasado. Desde una perspectiva inversora, aprovecharemos la reacción del mercado para reforzar las posiciones en compañías específicas que deseamos mantener a largo plazo.
Los ME están dejando atrás su dependencia del mundo desarrollado, gracias a una mayor demanda interna que incrementa la resiliencia ante presiones externas, la creación de mercados locales de deuda y la estabilización del diferencial de los tipos de interés entre Estados Unidos y las economías emergentes. Por lo tanto, los diferentes puntos débiles no presentan la misma vulnerabilidad.
También otorgamos una gran importancia a las características ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo), que sin duda revestirán aún más relevancia a lo largo de 2022. Para evaluar la calidad de una inversión, resulta crucial comprender cómo gestiona una compañía sus riesgos ASG específicos. Nuestro enfoque de análisis ASG se centra en comprender la exposición a los factores que repercuten en la rentabilidad (a través de la regulación, las amenazas físicas para los activos, la marca y la reputación, y los costes operativos), así como la gestión de dichos factores. Adoptamos un enfoque de tipo «best-in-class» (mejor de su clase) y evaluamos las compañías con respecto a su grupo de homólogos.
De manera más general, creemos que la principal tendencia a largo plazo de los ME es la transición desde un crecimiento impulsado por las exportaciones hacia un modelo económico basado en una pujante demanda interna. Esto queda de manifiesto en la nueva composición del universo, dominado ahora por las compañías de crecimiento estructural de mayor calidad orientadas a sus mercados nacionales. En 2008, más del 60% del universo estaba expuesto al crecimiento cíclico; en la actualidad, en torno al 60% del universo está expuesto al crecimiento estructural. Además, el número de compañías que entran en el mercado ha experimentado un aumento de casi el 90% en los diez últimos años. Estamos convencidos de que la innovación del universo, tanto en términos de profundidad como de calidad, resulta ideal para los responsables de la selección de activos y nos permite añadir valor a través de la gestión activa. Hoy en día, los inversores deberían explorar los ME desde una óptica diferente.
Para nosotros, los temas principales son la creación de riqueza estructural, el auge de la clase media y los consiguientes cambios en los patrones de consumo y los servicios. Esto nos conduce a varias tendencias, entre otras: la revolución tecnológica, con la aparición de compañías basadas en plataformas con varios mercados verticales (la adopción de tecnología en general suele ser más rápida en los ME porque las infraestructuras no están muy desarrolladas, por lo que resulta más fácil comenzar a utilizar el comercio electrónico); la penetración financiera, ámbito en el que estamos asistiendo a un aumento en la inclusión y la participación tradicional, así como a la evolución tecnofinanciera; y la localización, ya que muchos países se centran en crear sólidas marcas nacionales y en desarrollar sectores internos.